Cómo hacer un libro de vida para tus hijos

En este artículo vas descubrir cómo hacer un libro de vida para tus hijos para que te recuerden siempre.

Hay regalos que se gastan y regalos que permanecen.

Un libro de vida escrito para tus hijos pertenece claramente al segundo grupo: no es un objeto que se estropea ni una moda que pasa, sino la posibilidad de que, dentro de veinte, treinta o cincuenta años, tus hijos puedan volver a escuchar tu voz contándoles quién fuiste.

Por qué hacer un libro de vida pensando en tus hijos

1) Les da raíces

Saber de dónde vienen —qué vivieron sus padres y sus abuelos, qué dificultades superaron, qué valores defendieron— ayuda a las siguientes generaciones a entender mejor quiénes son ellas mismas. La identidad familiar no se transmite solo por genética: se transmite contando historias.

2) Les ayuda a entenderte

Los hijos suelen conocer a sus padres solo en un papel: el de padre o madre. Rara vez conocen a la persona completa que hay detrás —sus miedos de juventud, sus sueños que no llegaron a cumplir, las decisiones difíciles que tomaron por ellos. Un libro de vida abre esa puerta.

3) Les deja un legado emocional

Cuando ya no estés, tus hijos no solo tendrán fotos sueltas o recuerdos difusos de tu voz. Tendrán un relato completo, en tus propias palabras, de quién fuiste. Es un tipo de herencia que ningún bien material puede sustituir.

Qué incluir en un libro de vida para tus hijos

No hace falta escribirlo todo de golpe, ni seguir un orden estricto. Algunos bloques que suelen tener especial valor para quien lo recibe:

  • Tu infancia: cómo era tu casa, tu barrio, tu familia cuando eras pequeño.
  • Tu juventud: tus sueños de entonces, tus amistades, lo que te apasionaba.
  • Tu historia de amor: cómo conociste a su otro padre o madre, si aplica, o qué historias de amor marcaron tu vida.
  • Su llegada al mundo: qué sentiste cuando naciste, qué esperabas de ellos como padre o madre.
  • Lo que deseas para ellos: tus esperanzas, tus consejos, lo que te gustaría que supieran vivir.
  • Consejos que te hubiera gustado recibir: los aprendizajes que ojalá alguien te hubiera contado antes.
  • Momentos difíciles y cómo los superaste: no hace falta ocultar las dificultades — a veces son las historias que más ayudan a un hijo, precisamente porque le muestran que también se puede salir adelante.

Cómo organizarlo paso a paso

1. Empieza por lo que tengas más fresco. No hace falta escribir en orden cronológico. Si hoy te viene a la memoria un recuerdo concreto de cuando tu hijo era pequeño, empieza por ahí.

2. Usa las preguntas guiadas como punto de partida. Un editor con preguntas concretas —capítulo a capítulo— evita el bloqueo de la página en blanco y te ayuda a no dejarte nada importante en el tintero.

3. Añade fotos, audios y vídeos. Una foto de cuando eran bebés, un audio contándoles con tu propia voz cómo se llamaba su primer peluche, un vídeo de un cumpleaños que recuerdas con especial cariño. Aquí puedes ver cómo se ve y se escucha todo integrado en el libro.

4. Escribe mensajes para el futuro. Además de los capítulos de tu propia historia, puedes dejar mensajes dirigidos directamente a cada uno de tus hijos, para que los reciban en un momento concreto —una boda, un cumpleaños importante, o simplemente cuando tú decidas que están preparados para leerlos.

5. Comparte tu libro cuando tú decidas. No hace falta que lo lean ahora. Puedes mantenerlo privado mientras lo sigues escribiendo, e ir compartiendo capítulos sueltos cuando lo consideres oportuno, o dejarlo preparado para que lo reciban en el futuro.

Cómo adaptar el tono según la edad de tus hijos

No es lo mismo escribir pensando en un hijo de ocho años que en uno de treinta, y el libro de vida puede (y quizás debería) reflejar esa diferencia.

Si tus hijos son pequeños todavía, puedes escribir pensando en que lo leerán dentro de muchos años, cuando sean adultos — no hace falta simplificar el lenguaje ni el contenido pensando en un niño, porque para cuando de verdad lo lean con atención, ya no lo serán.

Si tus hijos ya son adultos, el libro de vida puede convertirse en una conversación distinta a las que habéis tenido hasta ahora: hay cosas que como padre o madre nunca llegamos a contar en voz alta —miedos, dudas, decisiones difíciles— y que, por escrito, resultan más fáciles de compartir.

Si tienes nietos, considera dejarles también algún capítulo o mensaje dirigido específicamente a ellos, no solo a sus padres. Un nieto que un día lea algo escrito pensando exclusivamente en él vivirá esa lectura de una forma muy distinta a leer la historia general de la familia.

Qué hacer si no sabes cómo empezar a hablarles de ti

Muchos padres sienten que “no tienen nada interesante que contar” a sus hijos, más allá de lo que ya saben. Es un pensamiento muy común, y casi siempre equivocado: tus hijos conocen tu papel como padre o madre, pero rara vez conocen a la persona completa que hay detrás — quién eras antes de que nacieran, qué soñabas, qué te costó, qué aprendiste por el camino. Ese es, precisamente, el contenido que más valoran cuando lo reciben.

No hace falta que esté “terminado”

Uno de los mayores frenos a la hora de empezar es pensar que hay que escribirlo todo de una vez, o que debe quedar perfecto. No es así. Un libro de vida para tus hijos puede crecer durante años, un capítulo cada vez que te venga un recuerdo. Lo importante no es la perfección: es que exista, y que sea auténtico.

Si quieres entender el proceso completo con más detalle, puedes leer Libro de Vida: qué es, para qué sirve y cómo crear el tuyo.


Dentro de muchos años, tus hijos no recordarán con precisión cada conversación que tuvisteis. Pero si les dejas un libro de vida, no tendrán que recordarla de memoria: podrán volver a leerla, a escucharla, a verla, siempre que la necesiten.

Scroll al inicio